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viernes, 21 de junio de 2024

Casavieja: Castaño de El Corralón y pinares de Fuente Helecha

 

   Bajo los riscos de Mojón Cimero y Gamonosa, en una amplia zona de praderas y bosques de pino y roble, se encuentra el municipio de Casavieja, de tradición ganadera, que durante la primera mitad del siglo XX fue uno de los lugares más poblados del valle del Tiétar. Llegó a tener casi 3.000 habitantes, aunque en los años 60 sufrió un fuerte declive demográfico y actualmente no llega a 1500 habitantes. 

  Tiene una iglesia del XVI, algunos rincones de arquitectura tradicional y, en la garganta de la Cereceda, restos de molinos harineros y el puente medieval de la Márgara.


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   La ruta que proponemos, sin embargo, comienza junto al camping del paraje de Fuente Helecha, entre frondosos pinares. Al lado mismo de la fuente podemos ver unos cuantos pinos de considerable tamaño y alto porte.

 


   Iniciamos la marcha por la pista asfaltada que deja a su izquierda la entrada de la piscina municipal. A unos 500 metros cruzamos la garganta de la Chorrera, en un punto donde nos encontramos una piscina natural.

 

 

    La pista, ya sin asfalto, sigue y nos conduciría en bajada hasta Casavieja. Nosotros, después de caminar 1.400 metros más, tomaremos un desvío a la derecha que llega hasta el hotel rural y las cabañas de El Corralón. Bordeamos el complejo y a 400 metros, en un espacio boscoso con algunas praderas, se encuentra el castaño centenario que venimos a visitar.

 





Tras volver a la entrada del hotel rural, en lugar de desandar todo el camino, seguiremos a la izquierda la pista forestal que conduce a la presa del Castaño, a 3 Km de distancia. 

 



Y desde la presa, cruzando el pinar de fuente Helecha, entre troncos que aún guardan las heridas de la explotación resinera, regresamos al punto de partida. 

 


domingo, 4 de diciembre de 2022

Majuelo del cerro de las Cruces

 

 

La sierra de San Vicente proporciona varios miradores excepcionales del valle del Tiétar. Contiene además densos bosques de pinos y robles, con algunas manchas de castaños y el acompañamiento de sotobosque de carrascas, zarzas, helechos, jaras, escobones, rosales silvestres, enebros y majuelos. 

El propósito principal de esta ruta es contemplar un majuelo singular, que vive solitario en lo alto del cerro de las Cruces, en la sierra de San Vicente, junto al bosque de antenas del repetidor de TV. 

La ruta se inicia en el puerto del Piélago, al que se puede ascender en automóvil desde Navamorcuende, pueblo toledano fundado en el siglo XIII, tradicionalmente dedicado a la agricultura y la ganadería, en el que merece la pena visitar la enorme iglesia renacentista (herreriana) de Santa María de la Nava, del siglo XVI, levantada por Pedro de Tolosa, uno de los arquitectos del Escorial. Al lado de la iglesia hay una bonita fuente de piedra del XVIII, con pilón exagonal.

 

 

Después de dejar Navamorcuende, la estrecha carretera TO-1375 se adentra en un espeso bosque de roble melojo, que nos acompañará hasta el paraje denominado Desierto del Piélago y al puerto del igual nombre.


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El sorprendente nombre de Desierto del Piélago seguramente se lo pusieron los ermitaños que habitaron la sierra desde el siglo XI; "desierto" entendido como lugar de soledad y meditación, "piélago" no en su acepción oceánica actual, sino como paraje de agua y lagunas.

Encontramos en este sitio un área recreativa y un monasterio arruinado y abandonado, fundado en el siglo XV. 

A este monasterio se retiró el padre Mariana para redactar su famoso tratado político, que lleva por título "Del rey y las instituciones reales". Lo hizo por encargo del rey absoluto Felipe II, con el fin de educar a su heredero. Lo publicó en 1599 y se convirtió en un alegato contra el absolutismo. 

 

En el siglo XVII el monasterio fue remozado como seminario diocesano por los carmelitas. Posteriormente fue ocupado por las tropas francesas, en 1808, arrasado durante las guerras carlistas 30 años después y, a continuación, desamortizado por la legislación de Mendizábal. Más recientemente, en la década de los 80, se rehabilitó como albergue juvenil, y finalmente ha sido abandonado. Ahora se encuentra en franco deterioro.

 

 

La subida hacia el cerro de las Cruces se inicia en una desviación a la izquierda antes de alcanzar el puerto. Se trata de una pista forestal en muy buen estado, por lo que se puede recorrer en coche. No obstante, lo mejor es dejar el vehículo en le puerto y desde allí, hacer la ruta caminando. 

El primer tramo del camino, de 1,6 Km, se hace entre pinos silvestres relativamente jóvenes (troncos de 1 a 2 metros de perímetro), con vistas al bosque de roble melojo en las faldas del pico de las Cruces. 

 




 

Entre los pinos silvestres, con sus acículas cortas, sus pequeñas piñas y su rosada corteza en las copas, se van abriendo hueco algunos pinos resineros, de fronda menos oscura, agujas más largas y piñas grandes. 

Y también dejamos a la izquierda una pequeña mancha de castaños centenarios.

 


Muy cerca de estos castaños, casi oculto entre la maleza, se puede ver uno de los antiguos pozos de nieve que antaño explotaban los carmelitas.




Al final de este tramo, en un cruce con un espacio abierto y una barrera, tomamos contacto con el bosque de roble melojo. A la izquierda hay un ejemplar de roble con dos gruesos brazos, y enfrente  podemos ver varios ejemplares de pino resinero de considerables dimensiones, con troncos cercanos a los 3 metros de perímetro. 




 

Mas arriba casi todo es melojar, con árboles de pequeño tamaño, aunque en algunos puntos encontramos ejemplares más viejos, con troncos de perímetro superior a los 4 metros.

 

 


 

Tras caminar algo más de 2 Km, llegamos por fin al objeto inicial de nuestro viaje: el majuelo del cerro de las Cruces...

 

 

Como se puede ver, está junto a la pista forestal, muy cerca de la cumbre donde están instaladas las antenas a 1336 m de altitud. Es un arbolito de menos de 5 metros de altura, pero de excepcionales dimensiones para su especie, con un añoso tronco de más de 1 metro de perímetro y unas raíces que tal vez empezaron a crecer hace más de 100 años, cuando las antenas de telefonía solo eran un sueño de gente rara como Tesla y Marconi.

 



 

Una parada junto al majuelo para presentarle nuestros respetos y continuamos hasta las antenas, con el fin de disfrutar de las vistas panorámicas a ambos lados, al valle del Tiétar y al valle del Guayerbas.

 

 

La vista hacia el NO nos permite alcanzar todos los pueblos del alto Tiétar. El más cercano, Almendral de la Cañada, tras el cual se ven las casa de La Iglesuela. Bajo la línea de nubes que tapan las crestas de Gredos, vislumbramos Casavieja y hacia la derecha Piedralaves, La Adrada y Sotillo de la Adrada.

En la otra vista, menos nítida, divisamos el embalse del río Guayerbas.

De vuelta al punto de partida, paramos junto a un bolo granítico que tiene tallada una cruz. 

 

 

Completaremos la jornada subiendo desde el puerto del Piélago, en sentido opuesto, por una senda que conduce al cerro de San Vicente, que da nombre a toda esta sierra. 

También es conocido como el Monte de Venus de los romanos. El mismo padre Mariana, en su Historia de España de 1601, citando al historiador Apiano, refiere que fue aquí donde el caudillo lusitano Viriato se hizo fuerte en su lucha de guerrillas contra los romanos, y que aquí fue traicionado y muerto por tres de sus hombres de confianza, aunque luego su cuerpo fuese trasladado para ser quemado, en pira funeraria, en uno de los bolos de la Ciudad Encantada de Cuenca. Corría el año 139 antes de Cristo. Vaya usted a saber si la leyenda es cierta, pues no son pocos los cerros de varias comarcas que reclaman ese privilegio.

Continuando con las leyendas de la zona, se dice también que fue en una cueva de este cerro donde los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, tres hermanos cristianos de Talavera (la Ébora romana), se refugiaron para escapar de las persecuciones de Daciano, cosa que a la postre no consiguieron. El nombre de San Vicente le viene a este cerro tal vez en honor del santo varón, ignorando a las mujeres. Aunque otros dicen que pasaron siglos sobre el cerro, que en el siglo IX los musulmanes levantaron en él una torre de vigilancia y que, tras la reconquista, allí se levantó un castillo y dentro de él un pequeño priorato, priorato que posteriormente dio lugar al Monasterio del Piélago en el XVI. 

Más adelante, durante el XVII, se produjo un ferviente movimiento eremítico en el cerro, impulsado por un tal Francisco García de Radoura, quien consiguió que se construyera una ermita sobre la presunta cueva de los santos mártires, con las piedras del ya abandonado castillo. 

De todo esto, de la torre musulmana, del castillo cristiano y de la ermita de los ermitaños, quedan restos en el cerro, merecedores de otra nueva caminata. La senda no es tan larga como la del cerro de las Cruces (poco más de 1 Km), aunque sí más empinada.

 


Al final de la senda, entre grandes bolos graníticos, hay un punto geodésico
(1312 m de altitud) desde el que se ven las ruinas de la ermita y del castillo.

 


Los restos de la ermita son bastante llamativos. Podemos ver esparcidos bloques de piedra tallada arrancados de los muros, alguno con lo que parecen símbolos, un par de pilas, un lavadero, y sobre la cueva, lo que queda de la antigua construcción.





 

La cueva tiene una puerta adintelada y acaba pronto, aunque alguien del lugar nos asegura que en su momento llegaba hasta el convento. A la entrada, en la pared de la izquierda, hay una pequeña benditera tallada en la roca.



En lo que resta de camino hasta el castillo nos podemos fijar en lo que hay de vegetación en lo alto de este cerro, que no son sino enebros creciendo entre las rocas.

 

 

Pero también llama la atención un grupo de rocas que, en su apilamiento, parecen haber sido utilizadas también como cueva de eremita o, al menos, como refugio de pastor.

 

 

 

En dos de las rocas hay grabadas sendas cruces que tal vez avalan la primera idea.

Finalmente, en la zona del castillo, la torre musulmana se levanta vigilante aunque semiderruída, mientras que del resto solo queda una pared con una ventana.

 

 

 

Las vista son impresionantes. Hacia el S, los pequeños pueblos de Hinojosa de San Vicente, Castillo de Bayuela, San Roman de los Montes y el embalse de Cazalegas, cerca de Talavera de la Reina. Hacia el O, las crestas de la sierra de Gredos, ahora sin nubes. 

 


 

martes, 29 de noviembre de 2022

En la puerta del Tiétar: Embalse de los Morales, castaños de Ganguerrero y Peñas de Cenicientos

 

El río Tiétar nace, sin que se note, en el paraje de la Venta del Cojo, cerca del  kilómetro 71 de la M-501, en el collado que da acceso al valle viniendo de la cuenca del Alberche, de San Martín de Valdeiglesias y de Madrid. 

Al llegar a la rotonda que hay en dicho punto kilométrico, nada mejor que desviarse a la izquierda para hacer dos caminatas de toma de contacto con el valle del Tiétar, sus paisajes y sus árboles. Las dos parten de Rozas del Puerto Real.

 

 

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Rozas de Puerto Real es una pequeña población madrileña de origen medieval, que recibió ese "apellido" por su proximidad al puerto de la Cañada Real Leonesa Oriental, situado precisamente en el collado de la Venta del Cojo, donde los pastores trashumantes tenían que hacer un alto en su camino para que los funcionarios de la Corona contasen las cabezas de ganado y cobrasen el impuesto o portazgo correspondiente. 

De su pasado medieval este pueblo conserva una torre románica junto a la iglesia, que merece la pena visitar.

 


La primera ruta desde Rozas del Puerto Real se inicia por una pista asfaltada de 1,5 Km. que baja de nuevo a la M-501, entre castaños.

 


 

Para cruzar la carretera M-501 hay un estrecho pasadizo subterráneo que, por seguridad, conviene utilizar...

 



Tras una bajada tropezamos con la puerta del recinto exterior del Seminario Menor Santa María, cuyo muro, enrejado y protegido por una línea de arizónicas, tendremos que bordear. 

 



El muro nos depara la primera sorpresa: integrado con él hay un fresno monumental de más de 150 años, catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid. Su tronco, penetrado por la reja de hierro, está dividido en dos brazos de casi 3 metros de perímetro. 

 

 

Un poco más arriba del camino, aún junto al recinto del seminario, hay un enebro que posiblemente tenga más edad que el fresno, aunque por su tamaño pase inadvertido. Tiene un tronco de casi 1,5 metros de perímetro, lo que puede corresponderse con una edad cercana a los 200 años. No está catalogado, y parece (por los cortes de algunas ramas) que alguien se ocupa de él.

 



La cuesta de subida al embalse discurre entre castaños.

Al final de la cuesta, en una finca privada que queda a la izquierda, hay un pino de alto porte, con un perímetro de tronco de más de 3 metros.

 


También hay espacio para el aparcamiento de automóviles al pie del dique del muro de hormigón de la presa. 

El embalse de los Morales recoge las aguas del arroyo de igual nombre y fue construido en 1988, para abastecer las poblaciones de Rozas del Puerto Real, Cenicientos y Cadalso de los Vidrios.

 

 

Hay una pista forestal que lo rodea el pantano por completo, pero, como está escaso de agua, también es posible recorrerlo por la orilla. 

 



Orilla que está sembrada de viejos troncos de los castaños que fueron cortados durante la construcción del embalse. Han resistido a la putrefacción, bajo el agua, durante más de 30 años y nos ofrecen unas imágenes espectaculares...





El entorno del embalse está constituido por un frondoso bosque de castaños en la falda del Alto del Mirlo, también con importantes manchas de robles. Un espacio privilegiado para contemplar la variación de colores que sucede con el paso de las estaciones.

 



La segunda ruta desde Rozas del Puerto Real asciende unos 300 metros hasta el paraje rocoso donde se encuentra otro árbol singular del catálogo de la Comunidad de Madrid, el castaño del Gran Guerrero; o quizás "Ganguerrero", pues de las dos formas lo hemos encontrado escrito en carteles y documentos. 

Es una senda empinada y estrecha, entre castaños ancianos con gruesos troncos, alguno de ellos con perímetro superior a 4 metros.

 




 

El castaño catalogado dispone de un panel informativo con alguno de los datos bastante discutible. 


 

Dice el panel que el árbol tiene una edad de 250 años y que su perímetro normal es de 1,15 metros (datos de 2018), cuando salta a la vista que su tronco mide casi 1,5 metros de diámetro, lo que supone casi 5 metros de perímetro... En fin, sea como sea, el ejemplar es magnífico, al igual que otros que podemos ver alrededor.

 



 

A partir de aquí, si hay prisa, se puede regresar al punto de partida por el mismo camino. En caso contrario, podemos alargar el paseo hasta la Fuente de la Mina por un tramo casi llano, desde el que se pueden contemplar vistas del pueblo desde cierta altura.

 

 

Al fondo destaca la Peña Muñana, en Cadalso de los Vidrios.

La Fuente de la Mina recibe ese nombre porque el caño toma el agua de una mina que hay a unos metros más arriba.

 

 

Finalmente regresamos por un camino de bajada hasta la M-546 . Si pasamos por la torre medieval, aproximadamente 1,5 Km hasta el punto de partida.

La jornada se puede prolongar con dos rutas más, si nos desplazamos en coche 11 Km hasta Cenicientos. Se trata de la subida a la Peña Buvera y de una visita cultural a la Piedra Escrita. 

 

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Cenicientos, también en la Comunidad de Madrid, es un pueblo de casi 2.000 habitantes situado cerca de interesantes restos arqueológicos, la Piedra Escrita, que es un monolito romano dedicado a la diosa Diana, y una necrópolis visigoda. 

La subida a la Peña Buvera, más conocida como Peña Cenicientos, se hace cómodamente por una pista forestal que arranca de la carretera M-541. Un recorrido de 4.5 Km (más 448 metros de senda al pie de la peña), entre un extenso y frondoso pinar, que en su parte más alta fue arrasado por el importante incendio del año 2019.  

No encontramos en el camino pinos que superen los los 2 metros de perímetro, salvo algunos tocones quemados al final del recorrido. 

 

 

 

A la altura de la zona quemada vemos las ruinas de una sólida construcción de piedra. Son los restos de un antiguo seminario de los años 50 perteneciente, como el de Rozas del Puerto Real, a la diócesis de Getafe. 

 


 Antes de llegar a la Peña Buvera llama la atención una loma con grandes bolos graníticos, que destacan limpiamente del verde de la hierba otoñal, gracias a la ausencia de arbolado causada por el incendio.

 

 


 

El esfuerzo casi de escalada, para alcanzar el punto geodésico de la peña, compensa de sobra por las impresionantes vistas que allí se disfrutan.

 



 

Su promontorio de grandes rocas graníticas constituye un mirador espectacular, desde el que se dominan amplios espacios de las provincias de Madrid, Toledo y Ávila. 

Si miramos hacia el E vemos los pueblos cercanos de Cenicientos, Cadalso de los Vidrios, Rozas del Puerto Real, San Martín de Valdeiglesias... Gran parte de la cuenca del Alberche y la depresión del Tajo, y al fondo las torres de Madrid, si el día está despejado y la manta de contaminación lo permite.

 

 

 

Si miramos hacia el O, se abarca la cuerda de la sierra de Gredos, desde el Alto del Mirlo hasta el macizo central, y la amplia falla del valle del alto Tiétar, salpicada de pueblos: Casillas, Sotillo de la Adrada, La Adrada, Piedralaves...

 



La Peña Buvera, a 1254 metros de altitud, está continuamente sobrevolada por buitres leonados. Anidan en las paredes verticales que dan hacia el Este, así como en la cercano pico de Concharejos.

 

 

El conjunto de las dos peñas de Cenicientos, Buvera y Concharejos, está declarado lugar de interés geológico (LIG) y zona de especial protección de aves (ZEPA).

 




Nota final: Al monolito romano de la Piedra Escrita se puede llegar en automóvil, pero está dentro de una finca privada inaccesible. Para visitarla es necesario contactar telefónicamente con el propietario.