miércoles, 28 de septiembre de 2022

Robles de La Angostura


Frente a los robles del cerro de La Sarnosa (que en otra entrada de Piedralaves visitamos), en las faldas del alto del Pozo, entre pinares dominantes, hay una magnífica masa forestal de robles, muchos de ellos centenarios y de considerable tamaño. El mayor de ellos, el Roble de los Manaderos, con una altura de 25 metros y un perímetro de tronco de 5,80 metros, figura en el catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Castilla y León. También encontraremos un extenso castañar y algunos ejemplares monumentales de pino cascalbo.

La ruta circular recomendada por los carteles del Ayuntamiento, parte del aparcamiento situado en la piscina natural de la Charca de la Nieta y asciende por empinados arrastraderos de los pinos resineros hasta enlazar con la pista forestal.



Otra opción menos exigente parte de la Presa del Horcajo, en cuyo caso la subida hasta la pista forestal se efectúa por una camino de pendiente moderada que asciende por la garganta de la Graja. 

 

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La pista forestal rodea el monte de pinos sin apenas ganar altura, con vistas a la presa, las gargantas y las cimas de la Errencilla y Lanchamala. En la bifurcación, la pista de la izquierda adquiere pendiente entre pinos y robles de perímetros superiores a 2 metros. 

Antes de llegar a la explanada de La Piviana, a la derecha de la pista tropezaremos con el primer roble de gran magnitud, con un perímetro cercano a los 5 metros.


 
En La Piviana podemos admirar varios robles de dimensiones similares, mientras rellenamos el agua de nuestra cantimplora.


También podemos contemplar un ejemplo de tosca arquitectura ganadera, unos extensos establos levantados a base de piedra y madera, con un tejado de chapas sujetadas con piedras sueltas.


Avanzando por la pista llegamos al paraje de Los Manaderos, donde se encuentra el roble singular que constituye el motivo principal de nuestra caminata.


Se trata de un ejemplar magnífico de grueso y abultado tronco, que crece en un espacio despejado, sano y con un entramado de ramas que alcanzan gran altura y cubren de sombra una superficie considerable.
 
El roble constituye un pequeño ecosistema, con más de 500 especies asociadas. Todos los árboles dan cobijo y alimento a innumerables animales y vegetales, pero creo que ninguno tanto como el roble. En sus ramas anidan aguiluchos, arrendajos, abubillas, pinzones, picapinos, camachuelos... Dentro de sus troncos y agallas se reproducen y crecen insectos de todo tipo. Muchos mamíferos anidan y comen a su alrededor, ratones, ardillas, tejones, topos, liebres, zorros, corzos, jabalíes..., sin contar cerdos, cabras, ovejas y vacas cuando se les tiene en cuenta para la ganadería. Entre sus raíces y ramas prosperan el muérdago, el musgo, los líquenes... A su sombra, sobre la tierra enriquecida por sus hojas, crecen hongos, helechos, madreselva, espinos, majuelos... e incluso otros árboles y arbustos de menor porte. Y el robledal, aclarado y cuidado, ofrece buenos espacios para la pradera y para el cultivo. 
 
Antes de su tala desenfrenada los robles formaban parte del sistema agrícola tradicional y cubrían grandes extensiones. Pero durante siglos su valiosa madera fue utilizada de forma masiva para construir barcos, levantar edificios, armar muebles, fabricar carbón y alimentar hornos, máquinas de vapor y fogones. Y los robledales fueron sustituidos por bosques de pinos y eucaliptos, de rápido crecimiento y aprovechamiento, que en lugar de regenerar el terreno lo aniquilan. 
 
Hoy en la península ibérica solo quedan, por desgracia, grandes robledales en la cornisa cantábrica. En el resto de España y Portugal, solo manchas y solitarios robles monumentales, como estos de la sierra de Gredos.
 

Se puede decir que el roble, al menos en las mitologías europeas, es el árbol sagrado por excelencia, asociado al nombre de los dioses principales del trueno y de la guerra (Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, Thor para los escandinavos, Taranis para los celtas...) y también a algún dios de la curación como el romano Marte Silvano. Además, durante siglos, en numerosos pueblos fue punto de referencia de la actividad social. Bajo las ramas de robles centenarios se celebraban juntas municipales, juras de autoridades y hasta juicios populares. El Roble de Gernika, símbolo del pueblo vasco es el ejemplo más conocido. En muchos otros pueblos del País Vasco, Cantabria, Galicia, León..., hay y hubo robles que cumplieron dicha función de árbol de concejo y juradero, así como en diferentes lugares de Portugal, Italia, Francia, Inglaterra...

Después de rendir homenaje a este anciano de más de 500 años, solo resta caminar un poco más por la pista forestal hasta llegar al castañar de La Angostura
 
 

No es un castañar centenario, pocos de sus castaños superan los 3 metros de perímetro, pero su extensión y regularidad nos ofrece en verano un espacio ideal para descansar, y un espectáculo de luz si lo visitamos en el otoño.


Si regresamos hacia el punto de partida, tal vez merezca la pena desviarnos un rato hacia la derecha para contemplar unos cuantos ejemplares de pino cascalbo que se elevan imponentes con sus troncos rectos y blanquecinos, entre robles y ejemplares de pino de menor categoría.


Si, por el contrario, optamos por seguir la ruta hacia el collado, podemos subir campo a través hasta el cerro de La Bola, para echar un vistazo a la cuerda de la sierra de Gredos.


Retomando la pista, llegaremos hasta el mirador de El Riscazo, desde el que se domina una vista contraria, hacia el pueblo de Piedralaves.


Desde El Riscazo, en lugar de desandar el camino, se puede bajar por un sendero hasta enlazar con una pista forestal inferior que nos llevará también de regreso. Si eso hacemos, podremos visitar un refugio resinero.


Muy cerca del refugio hay un antiguo chozo de pastor recientemente reconstruido.